Descubiertos 1.920 fragmentos del coloso del faraón egipcio que surgió del fango

Como un rompecabezas esparcido entre el barro en un descampado de un arrabal de El Cairo. El coloso del faraón Psamético I, localizado parcialmente el pasado marzo en el distrito de Matariya, va recuperando su anatomía. En los últimos meses la misión germano-egipcia que horada el páramo ha hallado hasta 1.920 fragmentos de cuarcita que corresponden a la parte inferior de la gigantesca estatua.

Tres dedos y partes de la falda real componen un tesoro que rescata la figura del monarca (664-610 a.C.) que fundó la dinastía saita, por tener su capital en Sais, ubicada en el delta del Nilo. Durante su longevo reinado, que duró 54 años, Egipto dejó de estar sometido al imperio asirio; recuperó la independencia; experimentó el renacimiento de la civilización faraónica; y cuidó sus lazos con los gobernantes helenos.

Las dos primeras piezas fueron recuperadas en una poza de Suq al Jamis a principios de año. Se hallaban a tres metros bajo el agua y entre las ruinas de Heliópolis, la capital dedicada al dios solar Ra y uno de los centros religiosos más importantes del Antiguo Egipto. Hasta ahora los fragmentos -desenterrados en un aparatoso proceso en el que intervino el ejército egipcio- correspondían a la corona y la parte del torso de un coloso que medía unos ocho metros.

Los estudios preliminares sugieren, además, que otra colección de 2.000 piezas -pertenecientes también a la parte inferior de la estatua- podría emerger durante la próxima campaña arqueológica. Las recuperadas en la última temporada han sido trasladadas al Gran Museo Egipcio que se construye a escasos metros de las pirámides de Giza y serán ensambladas en su laboratorio. Las dos primeras se encuentran expuestas en el jardín del Museo Egipcio de la plaza cairota de Tahrir.

Junto al puzle de Psamético I se han desempolvado también un ojo de la estatua de Ra-Hor-Akhti -una deidad representada por el halcón- cuya medida podría alcanzar los seis metros. “Sería la mayor figura hallada del dios en el periodo antiguo”, ha indicado Ashemawi.

El yacimiento fue reducido a ruinas hace más de dos milenios. Desde entonces los vecinos que poblaron sus alrededores convirtieron su perímetro en cantera. Robaron sus piedras para usarlas en sus propias edificaciones o en los inmuebles que aún se levantan sobre el laberíntico barrio islámico de El Cairo.

Fuente original: http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2017/10/10/59dce48ce2704e2d0d8b461a.html

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