La Batalla del Delta: Soldados y marinos de Ramsés III frente a los pueblos del mar

A cargo de Javier Martínez Babón

Martes, 9 de enero de 2024, a las 18:30 hrs

Fundación Juan March, calle Castelló 77. Madrid

En la denominada crisis del 1200 a. C. cambió buena parte de la panorámica geopolítica del Mediterráneo oriental debido a una serie de oleadas y movimientos migratorios de pueblos, acreditados genéricamente como Pueblos del Mar. Algunos de sus integrantes eran conocidos ya en el siglo XIV a. C., como demuestran las cartas del Archivo de Tell el Amarna, y de otros se sabe que llegaron de territorios más alejados.

Egipto sufrió un primer ataque de algunos de aquellos pueblos, aliados con grupos tribales libios, en torno al año 1208 a. C., en tiempos del faraón Merenptah, hijo del célebre Ramsés II. En aquella ocasión, las acciones militares fueron terrestres y los egipcios lograron rechazar la ofensiva, expulsando a los atacantes del país.

Años más tarde, en torno al 1177 a. C., se produjo un gran movimiento migratorio que amenazó de nuevo las fronteras faraónicas. Mientras hombres, mujeres y niños avanzaban por tierra hacia Egipto, desde Anatolia y Siria, una flota de barcos repletos de guerreros se dispuso a penetrar en el país de Ramsés III a través de uno de los brazos del Nilo. Inscripciones y relieves conservados en el templo funerario de este faraón en Medinet Habu aportan datos sobre aquella complicada situación: movilización de todos los recursos militares; reparto de armas y estrategia a seguir ante el doble peligro naval y terrestre.

En aquellos tiempos Egipto disponía de barcos de guerra para operaciones fluviales y costeras y un ejército que, si bien había perdido la fuerza que había tenido en tiempos de grandes faraones como Tutmosis III, Seti I o Ramsés II, todavía tenía alta capacidad para combatir. Los egipcios, que estaban a la espera con sus naves y sus infantes preparados para la batalla, dejaron que la flota enemiga entrara a través de uno de los brazos del Nilo. La estrategia dio resultado: los invasores fueron sorprendidos y rodeados. Un relieve conservado en el mencionado templo de este faraón muestra la lucha encarnizada de los integrantes de ambas flotas y cómo los náufragos foráneos eran apresados por las tropas faraónicas. Aquella victoria naval y el triunfo terrestre, que se produjo más allá de la frontera oriental, evitaron la invasión, aunque el coste para los vencedores sería enorme: Egipto perdería buena parte de su imperio asiático y sufriría una grave crisis económica.

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