Günter Dreyer: «Yo llamo escritura real a la escritura fonética, y esa invención, hasta donde sabemos, es de los egipcios»

Su mirada es directa y serena. Günter Dreyer (Alemania), uno de los grandes especialistas mundiales en egiptología, accede a que nos encontremos durante su visita a España. Acude a Cistierna, como ponente en la Escuela de Verano del Instituto Bíblico y Oriental, junto con Isabel Plumed —Arqueóloga, Dibujante y Restauradora—. Mantener una conversación con él provoca auténtico vértigo. Habla con seriedad, corrección y sobriedad, excepto en los momentos en que súbitos destellos de entusiasmo contagioso iluminan su discurso, al poner en valor la importancia de la civilización egipcia en Occidente.

No es tu primera visita a España, pero sí a León. Imagino que no puedas dejar de mirar con ojos de arqueólogo, así que ¿qué opinión te merece?

En realidad, es la segunda vez que estoy en León, aunque la primera fue una visita muy rápida. En cualquier caso, creo que está muy bien conservada. «No ruinas» [ríe], no muchas, al menos.

En general, creo que los monumentos en España están muy bien restaurados y preservados, y además son de fácil acceso. Estoy gratamente sorprendido. Es excelente. El Museo de Mérida —El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida—, por ejemplo, es de primera categoría.

Vamos a comenzar por tus orígenes, por tu intrahistoria con la Egiptología. ¿Cuándo decides que es a eso a lo que te vas a dedicar?

[Hum] Primero estudié Química, pero luego viajé al Próximo Oriente y descubrí todos sus monumentos. Fue entonces cuando decidí que lo que quería hacer realmente en mi vida era excavar, dedicarme a la Arqueología. Así que regresé a la universidad y estudié Asiriología, Arqueología Bíblica y Egiptología. Con el tiempo, también cambié mi especialización, porque me gusta la escritura cuneiforme, pero mucho más la jeroglífica.

Mis primeras excavaciones como estudiante fueron en Líbano y Egipto. Y supe que no me había equivocado. Supe que ese era mi lugar.

¿Por qué?

Entendí que mi mundo estaba ahí porque lo que quería hacer era descubrir cosas y responder preguntas.

Buena actitud. Cursas tus estudios universitarios primero en Hamburgo y luego en Berlín. ¿Qué nos sorprendería de los estudios de Egiptología entre finales de los años 60 y principios de los 70?

 Es una pregunta complicada, porque no sé cómo funcionan las cosas ahora mismo de manera exacta.

Quizás la masificación. En mi época éramos un profesor y tres estudiantes y teníamos dudas sobre si alguno de nosotros conseguiría un trabajo. Ahora hay muchos más estudiantes, demasiados, y está bastante claro que la mayoría no lo tendrán. Y eso es un gran problema.

Otro gran cambio que percibo es que nosotros, como estudiantes, queríamos saber, teníamos afán por aprender. Ahora  parece que llegan con la idea de ser enseñados, como en el colegio. Nosotros hacíamos preguntas, leíamos… Hoy en día los estudiantes (no todos) piensan que van a aprender por ciencia infusa.

Hay quien considera que en el ámbito de la Arqueología se ha pasado del «mucho campo-poco estudio», al «mucho estudio-poco campo» es decir, es mucho mayor el tiempo que los profesionales pasan estudiando lo encontrado que excavando en los propios yacimientos.

 En realidad siempre fue así. En Alemania y en muchos otros países, puedes estudiar Filología, jeroglíficos, escritura, textos, inscripciones… pero no Arqueología. La única manera de aprender Arqueología es estar en el campo, trabajar en una excavación.

Para formarte en Europa lo mejor es aprender de la precisión de los prehistoriadores. Siempre se lo recomiendo a cualquiera que quiera llegar a ser arqueólogo. Es así como debe comenzar sus prácticas.

Desde 1998 hasta tu jubilación en 2008  ejerces como director de la sede de El Cairo del Instituto Arqueológico Alemán. Según tu experiencia, ¿existe una conexión, un vínculo real entre el ámbito universitario y el trabajo de campo que desarrolláis?  ¿Cómo lo gestionabas tú?

Los estudiantes interesados solicitaban de manera formal a la Institución su deseo de participar y nosotros les entrevistábamos para saber qué podían hacer, cuáles eran sus motivaciones, sus habilidades… Por ejemplo, el dibujo es muy importante. Dibujar es una actividad fundamental en cualquier excavación. También tomar fotografías, pero sobre todo dibujar, así que si no tienen talento para ello, es mejor que lo olviden.

Una vez en Egipto, toca aprender el trabajo de campo. Sobre todo, hay que procesar cerámica. Un día cualquiera en el trabajo de un arqueólogo, consiste, en gran medida, en analizar fragmentos de cerámica. De hecho, algunos arqueólogos dicen que es la maldición del faraón [risas].

Luego, si desarrollan más interés, pueden incluso encontrar material en la excavación sobre el que elaborar una tesis doctoral. Ese fue mi caso. Durante la excavación en Elefantina como estudiante, encontré el tema de mi futura tesis doctoral sobre objetos votivos[1].

¿Qué es lo que sigue aportando hoy en día el dibujo por encima de la fotografía en el registro de la excavación? 

Cuando fotografías con una cámara, en realidad, ¿qué es lo que has visto? Casi nada. A la hora de dibujar un objeto con papel y lápiz tienes que analizarlo, conocerlo, entenderlo. Saber dónde hay una esquina o si es original o no.

Una cámara de fotos, una fotografía, no te da eso. Tu ojo, en cambio, sí. La fotografía de una pared hecha con ladrillos está bien, pero tienes que limpiarla con un cepillo y ver exactamente cómo están colocados o dónde está la unión de una pared con otra. Y todo esto no te lo da una fotografía. Por supuesto que también tienen su importancia para la documentación, pero nunca pueden reemplazar al dibujo.

La expedición napoleónica en Egipto se considera el inicio de la investigación arqueológica en Occidente, que evolucionó de un modo distinto en cada país. ¿Cuál es la relación entre Alemania y la arqueología?

Es verdad que Egipto o la egiptología se dan a conocer gracias a la Expédition française de Napoléon y la publicación de la Description de l’Égypt [1809]. Pero poco después, el Rey Frederick Wilhelm IV de Prusia también envió una expedición a Egipto con arquitectos y expertos que recorrieron todo el país y realizaron dibujos de incluso mayor calidad, muy fiables, que también publicaron en grandes volúmenes.

Desde entonces, la egiptología quedó oficialmente establecida. Luego vino el desciframiento de los jeroglíficos por Jean-François Champollion [1822]. Por cierto, es interesante cómo el desciframiento del lenguaje cuneiforme, a cargo del alemán Georg Friedrich Grotefend, es mucho menos conocido [risas].

En Berlín, había una institución dedicada específicamente al estudio de la lengua egipcia. Desde allí se publicó durante décadas el primer diccionario integral del antiguo Egipto, que de hecho, sigue en uso.

En cualquier caso existe un grupo internacional de científicos que trabajamos de manera conjunta. Franceses, alemanes, ingleses, americanos, españoles, italianos… no importa la nacionalidad.

Abidos es un ejemplo de esto. Fue excavado en primer lugar por un francés — Monsieur Amélineau—, luego por el británico Mr. Petrie, y unos cien años después llegamos nosotros, los alemanes. Lo hicimos, por supuesto, estudiando previamente todas las publicaciones anteriores y manteniendo contactos con todos los colegas para intercambiar información.

Los especialistas en esta materia no somos muchos, así que formamos una especie de familia, nos conocemos bien y nos ayudamos. Por ejemplo, cuando encontramos las primeras inscripciones, acudí a buscar la opinión de la directora del Instituto Francés en El Cairo, Madame Posner. Lo nuestro es realmente cooperación internacional.

¿Cuál crees que es el atractivo de la civilización egipcia para que siga fascinando a expertos y profanos generación tras generación?

Aunque Egipto es principalmente conocido por las pirámides y el oro de Tutankamón, hay mucho más.

La cultura egipcia es la más longeva de toda la historia: tres mil quinientos años. Siempre quise saber cómo llegó a serlo. Esa es la pregunta más interesante. La gente no empieza a construir pirámides sin más. ¿Cómo se llega a eso? ¿Cuáles fueron las condiciones previas? Lo importante es llegar a conocer cómo surgió esa cultura.

Esa es tu visión, la de alguien dedicado por completo a la materia, pero ¿cuál crees que es la razón de la fascinación de todos los demás? ¿Dónde radica su atractivo?

Las pirámides —monumentos increíbles no superados por ningún otro monumento de la modernidad— y… ¡El oro!, ¡Los tesoros! ¡La maldición!

Hay magia en las historias de Cleopatra, en la hermosa Nefertiti, en las tumbas y en su decoración… En los cuentos de Las Mil y Una Noches se describe a los buscadores de tesoros y a los saqueadores que entraban en las tumbas. A la gente siempre le han fascinado los tesoros y Egipto tiene muchos.

También hay cierto encanto en la belleza de sus logros artísticos. Es una cultura conmovedora y al mismo tiempo se muestra accesible, más que cualquiera de las del Próximo Oriente, como Mesopotamia. Egipto parece fácil, simple, pero no lo es…

Todo esto es lo que atrae a la gente. Pero quiero repetir que no ha habido cultura más longeva en el tiempo. Desde los primeros jeroglíficos datados alrededor del 3.400 a.C. hasta los últimos, del siglo III d.C., ha pasado mucho tiempo. Ninguna otra cultura duró tanto. ¿Por qué? Esa es la pregunta interesante.

Heródoto de Halicarnaso habló de Egipto como un don del Nilo. ¿Cuál es la importancia de este río en el desarrollo cultural de la zona?

¿Cómo puedo explicar esto de manera sencilla? Es un oasis, un oasis fluvial. Cuando el desierto se extendió, la gente llegó al valle del Nilo donde estaban seguros de que había agua y podían ganarse la vida. Con las crecidas anuales, el río inunda las tierras cercanas y las fertiliza. El principal problema de la humanidad era la obtención de alimento y allí nunca tendrían problemas agrícolas.

Y el Nilo también significa transporte. Es una enorme vía de comunicación fluvial que conecta todos los lugares. Esto supuso una gran ventaja para Egipto sobre todas las demás culturas. En Mesopotamia, con el Éufrates y el Tigris, era bastante diferente, porque su curso central cambiaba con bastante frecuencia.

¿Recuerdas qué sensaciones tuviste la primera vez que te acercaste a su orilla?

Llegué a El Cairo por primera vez en 1973 y crucé el puente Abou al-Ela —construido supuestamente por el Sr. Eiffel—. Me paré allí con la intención de hacer una foto del Nilo, y de repente llegó la policía y me dijo: «¡Eso está prohibido!». El puente era un secreto militar. Así fue mi primer encuentro con el Nilo, un poco peligroso. Casi me arrestan.

¿Y algo más romántico? [Risas]

Lo siento, así fue nuestro primer encuentro [risas]. El Nilo era un río muy grande, así que estaba impresionado.

¿Crees que el estudio de Egipto puede entenderse sin tener en cuenta el contexto africano? Tal vez los primeros momentos de la civilización se han estudiado en contraposición con Mesopotamia, y eso deja de lado elementos clave en la formación de los asentamientos como el área de Nubia, Libia o el espacio sahariano.

La cultura egipcia tiene raíces africanas pero a la vez muchas conexiones con el Próximo Oriente. Por ejemplo, por sus características semíticas, la lengua egipcia primitiva está más próxima a Babilonia que a los idiomas africanos o al África subsahariana.

Hablemos de Abidos, el lugar en el que ha excavado durante varias décadas. ¿Qué es Abidos? ¿Una ciudad? ¿Un cementerio de la clase alta? ¿Un centro religioso? ¿Todo a la vez?

No. Es mucho más. Durante el primer milenio a.C., Abidos ya se convirtió en un importante centro local, aunque había varios en el Alto Egipto: Nagada, Hierakómpolis… Pero Abidos disfrutaba de los beneficios de ser un cruce de rutas comerciales. El Nilo era la ruta comercial principal, por supuesto, pero también estaba la ruta que venía del Mar Rojo. Abidos estaba cerca y podía controlarla. Esa fue una de las razones principales por las que el asentamiento floreció.

A mediados del IV milenio a.C., un jefe local decidió establecerse y enterrar a las personas allí, en el cementerio. Los descendientes se convirtieron más tarde en gobernantes de un área más grande, aunque siguieron enterrando allí a sus muertos, especialmente los reyes. Fue una larga tradición. Hemos llegado a descubrir un cementerio de pequeñas calaveras que se remonta al periodo temprano de Nagada.

Los gobernantes locales ganaron importancia y finalmente Egipto acabó unido bajo la misma tradición. Aunque la residencia de los reyes cambió a Menfis, mantuvieron las costumbres y siguieron enterrándose allí.

Mucho más tarde se convirtió en un importante centro religioso durante el Imperio Medio, alrededor del año 2.000 a.C., porque suponían que allí había sido enterrado el dios de los muertos. Según la mitología egipcia, Osiris es un antiguo rey, así que supusieron que debía estar enterrado al lado de los demás reyes. Sabemos que hubo una excavación, o varias, que trataron de localizar su tumba, y en la más grande del lugar colocaron piedras y afirmaron: «Esta es la tumba de Osiris».

Así Abidos se convirtió en una especie de La Meca, el lugar más sagrado del antiguo Egipto. Todas las personas piadosas que podían, iban allí una vez en la vida para hacer una ofrenda —igual que sucede hoy en el Islam—, para rezar a Osiris por la vida en el Más Allá.

Si tuviera que explicarle a un profano, precisamente, el mito de Osiris, ¿cómo lo harías?

Osiris, en principio, es un dios de la fertilidad, de la agricultura. Él representa el poder natural del crecimiento de las plantas. En algunas tumbas, por ejemplo, hay fragmentos con la forma del dios Osiris con semillas, que con el tiempo florecen, así que de la tierra muerta nace vida. Eran símbolos de vida y de fertilidad, cuestiones preocupantes que, por supuesto, todos compartían.

Pero en su origen, Osiris no es egipcio. No se conocía en el Periodo Arcaico y solo se le menciona por primera vez en los Textos de las Pirámides de la V dinastía. Antes de eso el dios principal era un gran babuino blanco. Probablemente se trate de una importación del Próximo Oriente, teniendo en cuenta los dioses que por aquel entonces se adoraban allí.

Hay quien ha querido ver una conexión directa entre el Mito de Osiris y el cristianismo.

Es una cuestión complicada [ríe].

Los antiguos egipcios creían que los dioses se organizaban de la misma manera que ellos, como cualquier humano, como cualquier familia. Y una de las familias más importantes era la compuesta por Osiris, su esposa Isis y su hijo Horus. Horus es el  rey viviente y Osiris el rey muerto, gobernante de la otra vida, del Más Allá.

En el mito de Isis y Osiris, este vuelve a la vida después de que su hermano Seth le matara y cortara su cuerpo en pedazos. Isis, la esposa de Osiris, logró recomponerle y concebir un hijo con él: Horus. De este modo el padre vuelve a la vida, algo muy similar a la resurrección en la creencia cristiana.

De todas formas, antes de que Osiris fuera conocido, en algunas tumbas aparecen indicios de la creencia en la resurrección. Las tumbas en las grandes cámaras de Abidos no eran el lugar del descanso final. Algunas tienen salidas. Es verdad que encontramos escaleras que conducen a las tumbas, pero también zonas para salir de las mismas.

En una de las tumbas que encontramos vimos cómo en la cámara adjunta a la cámara funeraria había una estatua del rey y una escalera. Su función, obviamente es servir al rey en la salida hacia su nueva vida, en su marcha hacia el wadi, que se consideraba como la entrada al Más Allá. Es por eso que posteriormente los faraones se entierran en el Valle de los Reyes, en el wadi, en esta antigua corriente de río seca que se consideraba como una salida natural al Más Allá.

Así que la idea de resurrección, la de abandonar la tumba y obtener una nueva vida, proviene del antiguo Egipto.

¿Por qué Nagada, dando su nombre a todo un horizonte cultural, es el yacimiento menos conocido de los tres que componen el reino unificado del Alto Egipto?

Hay muchos asentamientos. Algunos florecieron y otros decayeron.

Abidos, por ejemplo, prosperó. La corte estaba allí, allí era donde se tomaban las grandes decisiones. Nagada seguía siendo un gran asentamiento, pero perdió importancia por la ausencia de los gobernantes, así que entró en declive. Nagada solo es el lugar donde se identificó por primera vez esta cultura, pero no el único. En el Alto Egipto hubo otros lugares importantes.

¿Por qué las tres ciudades fundamentales de los primeros protoreinos del Alto Egipto —Hierakómpolis, Nagada y Abidos— estaban en la orilla occidental del Nilo? ¿Tiene algo que ver con el hecho de que Occidente era el lugar por el que se ponía el sol, y por lo tanto se pudiera relacionar con el reino de los muertos?

Ahí es donde están, sí [risas]. No tengo ninguna razón para justificarlo.

Es cierto que, por lo general, los enterramientos se realizaban en el lado oeste porque se suponía que ahí se encontraba la entrada al Más Allá, pero también había un gran cementerio temprano y predinástico en el otro lado.

Así que creo que la preferencia por el Oeste estaba más relacionada con las propias condiciones del lugar. Tamaño, disponibilidad… Pero no había una preferencia más allá de eso.

¿Existen en estos primeros momentos los elementos clave que definirán a la religión egipcia y el tratamiento a los muertos tal y como los conocemos, con sistemas de momificación y creencias de una vida en el Más Allá?

 Solo podemos describir lo que encontramos en las tumbas. ¿Y eso qué es? Pues que en épocas tempranas aparecen junto al enterramiento ollas o recipientes con restos de alimentos, lo que nos lleva a pensar que ya creían en la existencia de una vida en el más allá donde necesitarían comer. Eso indica que preparaban a los muertos con todo lo que necesitaran en la otra vida, que por supuesto, era mucho más larga que la terrenal.

En las tumbas reales, por ejemplo, apilaban miles de vasijas con cerveza, pan, vino… Encontramos una tumba predinástica que tenía alrededor de 4.500 litros de vino importado. La otra vida es mucha vida, necesitas muchas provisiones, ya sabes de lo que hablo [risas].

Uno puede suponer que, como para cualquier ser humano, la muerte era una cuestión principal, y esperaban que hubiera algo más. Ellos imaginaban el Más Allá como algo muy similar a la vida terrenal, así que necesitaban aprovisionamiento, y cada vez incluían más y más cosas en sus tumbas. Tanto como pudieran. También las protegieron cubriéndolas con grandes construcciones, e incluso intentaron asegurar la conservación de los propios cuerpos porque ¿cómo se iba a poder vivir sin uno?

Cuando sólo los envolvían, el clima, la temperatura, se encargaba de preservar el cuerpo. Más tarde comenzaron a momificarlo, aunque a menudo esto tuvo más efectos negativos que positivos (el aceite y todos los productos que empleaban no ayudaban a esta conservación).

Para acabar de asegurarse, empezaron a incluir una estatua dentro de la tumba, así que en caso de que el cuerpo real desapareciera, les quedaba la estatua. Todavía tenían un lugar para el alma, para el espíritu. Por eso encontramos tantas esculturas en el antiguo Egipto. Todo para el Más Allá.

Dices que imaginaban el Más Allá como algo muy similar a la vida terrenal, y por eso, tal y como reflejaste en uno de tus artículos: «La disposición de las salas y pasajes supone una estructura de la tumba con una funcionalidad similar a la de una casa dividida en tres sectores: la entrada, las salas de recepción y las habitaciones privadas».

Exacto.

Me da la sensación de que en Egipto la muerte se valoraba de manera mucho más natural que en la actualidad. Ahora no queremos hablar del tema, escapamos de él.

Los egipcios tenían un enfoque más positivo. Tenían el convencimiento de que tras la muerte, les esperaba una buena vida, pero tenían que estar proveídos, abastecidos para ello.

A veces la cultura egipcia se describe como de culto a la muerte, cuando es todo lo contrario. Es un culto a la vida, quieren prolongarla tanto como les sea posible.

Eso no significa que no le tuvieran miedo al paso del tiempo. Heródoto contaba en Historias [440 a. C.] cómo se pasaban una pequeña estatuilla de un esqueleto antes de una gran comida mientras decían: «Cuidado, la muerte no está lejos. Disfruta la vida mientras la tengas».

Los egipcios eran seres humanos como nosotros. Puede que tratemos de ignorar en alguna medida la muerte y todo lo que significa, y que ellos fueran algo más conscientes en este sentido, pero, al final, pusieron mucho empeño por salvaguardar su vida en el Más Allá.

 ¿Por qué esos primeros reyes que se entierran en cámaras subterráneas empiezan a recubrir sus tumbas con túmulos?

Es la forma más natural de hacerlo. Sólo tienes que ir a cualquier cementerio hoy en día y fijarte en las sepulturas. Se cava un hoyo, se saca la tierra y se coloca dentro el ataúd. Y al acabar de enterrarlo siempre queda un excedente de tierra, que amontonas en la parte superior. Es lo que nos sale hacer de manera natural. El túmulo también indica una posición. Señala que en ese lugar hay una sepultura.

No sabemos exactamente cuándo cambia esto, pero en algunas tumbas empezamos a encontrar un doble túmulo. Primero cubrían la cámara funeraria con una capa y luego usaban el excedente de tierra sacada de la excavación del hoyo para cubrir toda la tumba. Creo que se debe a que los egipcios identificaban el túmulo natural con el montículo primitivo de la creación.

Los egipcios concibieron esta idea de montículo observando la crecida anual del Nilo. Pensaban que en el origen del mundo todo estaba cubierto de agua, como sucedía con el Nilo. Después, cuando el agua se retiraba aparecían pequeños islotes, pequeños montículos, y según su manera de pensar, de un modo lógico, algún montículo tuvo que ser el primero: el montículo primitivo.

Siguiendo esa misma lógica, si tenías una réplica de ese montículo en tu tumba, podías recuperar la vida, como en el comienzo del mundo. No podía ser destruido, por supuesto, así que se protegía duplicándolo o salvaguardándolo, no sólo cubriéndolo con arena, sino con construcciones en piedra. Primero un par de ladrillos alrededor, y luego piedras. Ese es el origen de las pirámides, que se pasaron a ser cada vez más y más altas.

Pero, en principio, es un montículo primitivo, una pequeña cantidad natural representada sobre la tumba.

¿Puedes ayudarnos a imaginar cómo era una ciudad del antiguo Egipto? En Hierakómpolis, por ejemplo, se han encontrado fábricas de cerveza y panaderías. 

No se conocen muchos asentamientos, aunque algunos como la isla de Elefantina —donde trabajé durante muchos años— es muy buen ejemplo. Allí excavar es fácil porque se trata de una gran formación rocosa y se pueden alcanzar todos los niveles. Pero otros lugares están generalmente cubiertos por una capa de limo, y no podemos remontarnos tanto.

Hay que tener en cuenta que el ladrillo es una invención muy importante en la historia del hombre, y en el caso de las ciudades egipcias sirvió para levantar las casas pequeñas. Resulta interesante imaginar esas casas, que solo tenían un metro y treinta centímetros de altura. Apenas cabían dentro, así que desarrollaban la mayor parte de la vida fuera, en la calle. La casa servía para comenzar el día y dormir.

Levantaron murallas alrededor de las ciudades para protegerse y evitar robos. Tanto es así que las primeras representaciones de ciudades muestran estructuras circulares con torres y contrafuertes. Hubo que protegerse hasta la llegada de un gobierno central que garantizó la protección y defendió las fronteras. Entonces los muros se volvieron innecesarios.

Supuso un gran paso adelante. De hecho, yo diría que uno de los mayores logros de la cultura egipcia antigua es el estado central organizado. Garantizaba la estabilidad en todo el país. Creo que esa es también la razón por la cual esta cultura floreció durante tanto tiempo.

Pero ¿cómo era la vida en una de estas ciudades?

Polvorienta, sucia, apestosa… [risas] No muy diferente de la vida en el campo a día de hoy. Algunos de nuestros trabajadores provenían de pequeñas aldeas y nos explicaban algunas cuestiones, como la de la construcción de las viviendas, porque eran similares a las que ellos conocían.

Me explicaron, por ejemplo, que las puertas de las casas eran tan bajas porque entraban agachados, y que barrían la suciedad de dentro a fuera, de manera que todo el polvo acaba en la calle, y como era allí donde también vertían el agua, se quedaba adherido. Con el tiempo, esto hizo que el nivel de la calle fuera cada vez más alto y el de las casas cada vez más bajo. Todavía podemos ver esto en nuestras ciudades medievales.

Entonces vivían junto a su ganado —ovejas, cabras y a veces también vacas— y trabajaban los campos. Hoy sigue siendo lo mismo.

¿Vino o cerveza?

La cerveza era para la gente corriente y el vino para los nobles.

Tom Standage en La historia del mundo en seis tragos (2006) decía que los bárbaros bebían cerveza, y se civilizaron gracias a la tradición de beber vino.

Los egipcios descubrieron muy pronto que podían fabricar cerveza con pan o grano. Durante el periodo del Predinástico el vino todavía no se conocía.

El vino se inventó, o se cultivó por primera vez en Turquía, muy lejos de Egipto, y luego llegó a Palestina. En las primeras tumbas de Abidos ya encontramos vasijas importadas. El vino era un bien preciado que no todo el mundo podía permitirse. Creo incluso que jugó un papel importante en la unificación de Egipto, porque su ruta comercial iba desde el Alto Egipto, a lo largo del Delta, hasta el Próximo Oriente, y sufría robos.

La conquista del Delta facilitó y garantizó el flujo de la mercancía, especialmente en el caso del vino. Aprendieron a cultivarlo a lo largo de la Primera Dinastía, pero al principio solo se importaba.

¿Crees que Abidos esconde la clave de la fundación de Egipto como reino unificado o solo es una pieza más del puzzle?

Abidos es clave en la historia temprana de Egipto. Hubo otros lugares como Hierakómpolis que también jugaron un destacado papel, pero Abidos tuvo más peso por la presencia de los gobernantes. Además siempre se mantuvo como un centro religioso muy relevante.

En este sentido la invención de la escritura fue determinante. Los gobernantes recaudaban impuestos y distribuían el dinero para diferentes propósitos. Si hay un señor principal en cada núcleo o cada aldea, se puede organizar fácilmente la recaudación y calcular la cantidad de grano o cerveza. Pero si ese mismo señor aumenta su poder y dirige, digamos, diez o veinte asentamientos diferentes, la cosa se complica. ¿Quién ha pagado o no sus impuestos? ¿Quién ha sido el responsable de una mala entrega de vino o de la fabricación de una mala cerveza?

Al ampliar el área de control se necesitaba un registro, una manera de controlar la recaudación, la producción y los servicios. El control de la administración tiene que ver con el origen de la escritura. Querían saber qué venía de dónde y quién era el responsable de cada cosa, cuál era la cantidad, etc. Ahí empieza la burocracia.

Así que no tiene cabida, o al menos no en gran medida, la creatividad.

No. La escritura surge por razones prácticas, como un requisito administrativo. Pero fueron lo suficientemente inteligentes como para usarla para otros fines.

Todo comienza cuando la administración necesita tener un registro de sus gestiones. Querían saber cómo se había enviado cada cosa o cuándo, en qué año.  En el sistema egipcio cada año tenía un nombre, el del evento más importante. Es algo que todavía hacemos. Nos resulta más fácil decir el año en que terminó la I o la II Guerra Mundial que 1918 o 1945.

Sí, pero ¿qué papel jugó Abidos en la unificación de Egipto?

No tenemos muchas evidencias al respecto. No lo sabemos con certeza.

Hay que pensar en la importancia de la expansión de las rutas comerciales. Como ya hemos comentado antes, querían salvar las vías por las que entraban y salían los artículos de lujo.

En el proceso de expansión demuestran una organización cuanto menos eficiente. Desarrollan el sistema administrativo y la escritura, claves del éxito. Poco después de la unificación los reyes decidieron trasladar la capital al Delta, entre el Alto y Bajo Egipto, para poder tener mayor capacidad de control. Al parecer la gente que vivía en el Delta no aceptó inicialmente la unificación, así que era mejor estar cerca para mantenerlos bajo control.

Hablábamos antes de los saqueadores de tumbas. De la fascinación por descubrir tesoros y, dentro de esto, de la figura de los saqueadores. ¿Qué rol han tenido dentro de la arqueología? ¿Sólo negativo o también hay, de alguna manera, una vertiente útil?

 ¿De los ladrones de tumbas? [Asombro]

 [Risas] Sí, porque algunas veces han ayudado a encontrar según que yacimientos o tesoros.

 No sé, yo no llegaría a tanto… [risas]. El robo de tumbas es uno de los negocios más antiguos de la humanidad. Tenemos evidencias que demuestran que las tumbas de Abidos fueron robadas por primera vez poco después del entierro.

Las fórmulas y mecanismos de protección nunca han funcionado porque el tiempo pasa y de nuevo son robadas. Y esto se mantiene hasta nuestros días.

De todas formas es verdad que se puede extraer un aspecto positivo de todo esto, aunque no está relacionado con el mundo de la arqueología sino de la economía. El oro hallado en las tumbas, especialmente en las del Imperio Nuevo, estaba detenido en el país, fuera de circulación, y los ladrones de tumbas lo reactivaron, lo devolvieron a la economía. Ya sabes que el dinero debe regresar [risas].

¡Sí! [Risas] ¿Qué me dices de la historia de Howard Carter y la familia Abd el Rasul?

No sé si es realmente verídica. Todo el mundo sabía que en esa localización había tumbas, y muy probablemente desconocidas, por lo que era necesario limpiarlas.

Al parecer, a finales del siglo XIX en los mercados de arte empezaron a aparecer objetos procedentes de tumbas desconocidas. La investigación rastreó su origen hasta la familia de los Abd el Rasul, quienes habían descubierto una cachette, un escondrijo de momias reales que mantuvieron en secreto durante años. Mientras, aprovecharon para ir vendiendo piezas, hasta que algunas cayeron en manos de las autoridades y se vieron obligados a confesar.

¿Quién fue el rey Narmer?

Un hombre con el nombre de Narmer [risas]. La arqueología nos dice que fue enterrado en una tumba bastante simple, aunque fue alguien importante en el proceso de unificación de Egipto. En su época, por primera vez, el Alto y el Bajo Egipto están bajo el mando de un único rey.

Gracias a la paleta votiva que lleva su nombre tenemos algo de información. Esta paleta [señala] muestra su victoria en el Delta y está considerada como una pieza conmemorativa de la unificación de Egipto. Narmer fue el primero y eso le hizo muy popular.

Pero más allá de esto sabemos muy poco. Ya hemos hablado de la sencillez de la tumba. Estaba casi vacía. Apenas encontramos algunos fragmentos de cajas con decoración similar a la de una paleta, que después pudimos reconstruir.

La Paleta de Narmer es el documento histórico más antiguo que tenemos para identificar al que se considera primer faraón del Antiguo Egipto. Lo que muestra su decoración es un evento real: la victoria de Narmer sobre sus enemigos del Delta.

En realidad no tenemos constancia de ningún evento tan especial con anterioridad a este, lo que no quiere decir que no los hubiera. Simplemente, no se conoce.

Hablemos del carácter simbólico de la Paleta de Narmer, de la Teoría del orden sobre el caos representada, precisamente, en objetos como paletas, cetros o mangos de cuchillos.

Una de las principales experiencias humanas es que la vida, el mundo, es caótico. El caos es un peligro para la existencia y por eso debe ser confinado. Se representa habitualmente a través de la serpiente, un animal peligroso que no se puede controlar. Piensa en la historia del Paraíso y la serpiente. Las serpientes son malas.

El orden ha de ser establecido a través del poder, de un poder divino. Así que en la empuñadura de algunos cuchillos primitivos, por ejemplo, encontramos flechas formando estrellas, el símbolo que se utilizaba en cuneiforme para describir la palabra Dios en sumerio, con dos serpientes. Las serpientes entrelazadas representan el poder central, el poder divino, el control del caos.

Otro elemento simbólico que aparece en las tallas es el del elefante pisoteando serpientes. El elefante es el animal más fuerte y trata de contener, de acabar con los animales caóticos. Es interesante observar cómo las cabezas de las serpientes, todavía están erguidas. No se han extinguido, solo están confinadas.

En algunos mangos de cuchillos, además, detrás de los elefantes pisoteando serpientes, aparece una cigüeña comiendo una serpiente, porque las cigüeñas son su enemigo natural. Y luego está la jirafa, un animal muy pacífico, con un cuello muy largo. Pero detrás de ella vemos muchas cigüeñas sin serpientes en su pico. ¿Qué significado tiene?

La jirafa tiene un cuello muy largo. Puede ver mucho más que los seres humanos. Si hay algún peligro, lo ve acercarse mucho antes que las personas. Tiene visión de futuro. De esa manera se utilizaba el jeroglífico que representaba una jirafa en los Textos de las Pirámides. Veían lo que iba a suceder, así que en este caso hablamos de un deseo, de una ilusión para el futuro: las cigüeñas ya no necesitan comerse a las serpientes porque ya no están. El caos está confinado. Reina la paz.

Vamos con otro tema interesante: los sacrificios humanos. ¿Qué hay de cierto en la idea del sacrificio humano para acompañar al líder-rey como séquito en la otra vida? Además tú encontraste el rastro de quince faraones desconocidos que practicaban sacrificios.

 No, en realidad estimé que debía haber unos quince reyes desconocidos y establecí una lista potencial. En ella hay algunos errores, pero aún resulta valiosa.

Uno de esos reyes es el ocupante de la tumba U-J de Abidos, sobre el que tenemos buenas razones para pensar que se trata del rey Escorpión. A su lado está la que creemos que es la tumba del primer rey Horus Halcón. Y luego hay varias tumbas anónimas, sin evidencias de pertenencia. En otras partes de Egipto había gobernantes locales opuestos al poder de Abidos que crearon sus propios reinos, como el de un tipo llamado Cocodrilo cerca de El Cairo, por ejemplo.

En relación a los sacrificios humanos hay un cambio importante. Al comienzo del Predinástico no existía la idea del enterramiento subsidiario, como parte responsable o de apoyo del muerto principal. Por ejemplo, la tumba de Narmer es así. Sólo hay una cámara muy simple con dos habitaciones. Pero si vemos la tumba de su sucesor, Aha, encontramos que tiene alrededor de treinta enterramientos subsidiarios en pequeñas cámaras alrededor de la del rey y de su avituallamiento. Lamentablemente ya había sido excavada con anterioridad, pero hallamos huesos que aún estaban limpios. Esos huesos pertenecían a personas muy jóvenes, con una edad media de veinte años. Incluso para un tiempo como aquel en el que la esperanza de vida rondaría los treinta y cinco o cuarenta años, no se puede hablar de muertes naturales. ¿Pero acaso podemos hablar de sacrificio humano?

¿Y en realidad, qué es un sacrificio? No es más que un trato en el que te comprometes a dar algo para conseguir otra cosa. Cuando rezas a un dios y le llevas ofrendas es porque quieres algo a cambio. Pero aquí hablamos de algo distinto. Estas personas han sido asesinadas, sí, pero no para acabar con ellas sino para servir al gran rey en su vida en el más allá. En su tumba el rey necesita avituallamiento y sirvientes. Pero esta es una costumbre muy particular de la Primera Dinastía. Después no lo vemos más.

Entonces ¿no era una decisión tomada libremente?

No lo sabemos. Sólo conocemos las inscripciones que aparecen en los enterramientos subsidiarios, con nombres escritos en la pared, como en nuestras tumbas.

También hemos encontrado un par de ejemplos de personas que habían muerto antes que el propio rey, seguramente por causas naturales, y que yacían en la misma cámara desde mucho antes que los demás. Si fueron asesinados con técnicas como el veneno, no han quedado evidencias en los esqueletos.

Imaginamos que entonces servir al rey en su vida eterna era un gran honor. Quizás eso fue lo que les dijeron.

Probablemente…

O a lo mejor es lo que ellos querían. Es difícil saber.

Pero lo llamaban rituales de la muerte.

Era parte del ritual funerario para que pudieran servir al rey en el Más Allá. Incluso parece que llevaban sus propios utensilios, como agujas, para poder coser y trabajar en los ropajes del rey.

Vamos a pasar a una parte importante de tu investigación, a esos descubrimientos que haces sobre el origen de la escritura en Egipto. ¿Cómo sucede?

El hallazgo data de 1989. Un año antes habíamos encontrado la primera tumba pero necesitábamos algo de tiempo para poder comprenderla y ponerla en orden. Después se publicó, se difundió en los medios y llegó todo lo demás.

Hay una cuestión muy importante que es la definición de lo que es, o lo que se considera escritura. Podemos plantearlo desde un sentido amplio con los signos grabados en arcilla o piedra: si aparece reflejada una oveja con seis líneas debajo de ella, podemos pensar que hace referencia a seis ovejas, aunque en realidad no lo podemos leer. Eso se entiende como se pueden entender las señales de tráfico. Solo comprendemos el significado.

La escritura es capaz de reflejar ideas abstractas. Por ejemplo, no tenemos una imagen que signifique grande o pequeño. El ingenio de los egipcios, que incluso es anterior al desarrollado en Mesopotamia, fue dotar de valor fonético a los signos. Voy a intentar explicártelo con un ejemplo en español. Ayúdame…

Ok, un ejemplo en español: ¿qué tal «casa» y «cosa»?

Vale, para representar la idea «casa» puedes dibujar una casita, puedes leerlo y decir que es una casa. Se puede entender en cualquier idioma, pero ¿cómo representas la idea «cosa»? Es algo abstracto.

Lo que puedes hacer es usar, precisamente, una palabra con un sonido similar: representar una «cosa» mediante el dibujo de una «casa». Hay que tener en cuenta que en Egipto las vocales no son importantes, lo son las consonantes como en todos los idiomas semíticos, de modo que empleando palabras con las mismas consonantes se puede escribir «casa» para decir «cosa». Después solo hay que añadir un determinante abstracto, y eso es todo.

BBC y The Guardian publicaron algunos artículos en los que hablaban de los jeroglíficos como una forma de escritura más primitiva que los emojis. Margaret Maitland, conservadora de Egipto y el antiguo Mediterráneo en los Museos Nacionales de Escocia, lo refutó.

Los egipcios no querían reflejar emociones, sino hechos.

En cierto sentido parten de una misma base, pero los emojis no son escritura. Son algo más pictórico. Lo que quiere transmitir un emoji se entiende en cualquier idioma. Pero no pueden reflejar una oración gramatical. ¿Cómo se puede reflejar el pasado o el futuro sólo con imágenes? Se necesita la fonética. Ese paso es lo que representa la evolución más importante. Yo llamo escritura real a la escritura fonética, y esa invención, hasta donde sabemos, es de los egipcios.

Desde aquel año de 1989 en que haces el descubrimiento sobre los orígenes de la escritura en Egipto, ¿qué ha cambiado?

 Bueno, en realidad se discutieron ciertas cuestiones y algunas de mis primeras lecturas resultaron incorrectas, pero básicamente se ha aceptado lo establecido en torno a la escritura fonética. En lo esencial no hay dudas al respecto.

¿Qué pasa con la dicotomía o la competencia entre Mesopotamia y Egipto en este campo?

 A la cuestión sobre dónde se inventó la escritura habría que responder dependiendo de la definición de escritura.

¿Pero tú qué defiendes?

Creo que los mesopotámicos desarrollaron una codificación —yo lo llamaría así— con anterioridad. Fueron capaces de almacenar información a través de signos antes que en Egipto, pero no podemos decir lo mismo con respecto a la escritura fonética.

Tal vez con el tiempo se descubran evidencias que nos lleven a afirmar lo contrario, pero hasta ahora es así.

Vámonos ahora al Egipto actual. Después de varias décadas de excavación y conociendo el país y sus gentes, ¿cómo crees ha cambiado la vida en Egipto a raíz de fenómenos como el terrorismo islamista o la persecución a las comunidades de cristianos coptos?

Lamentablemente, eso no se circunscribe sólo a Egipto.

Tenemos varios amigos que nos hablan de una situación completamente diferente años atrás. Visitaban a los musulmanes en Ramadán y ellos les felicitaban en Navidades, pero con el creciente nacionalismo… La situación ha cambiado y, desafortunadamente, parece que sólo empeora cada vez más.

Es un fenómeno que tenemos en todo el mundo, y lamentablemente, de seguir así, acabará por destruir al país. No veo avances positivos, lo siento mucho.

¿Qué es lo que el mundo Occidental, a través del Mediterráneo inicialmente, ha podido heredar de Egipto, en materia de cultura, ideología o pensamiento religioso?

Mucho, pero voy a recalcar algunas cosas de las que ya hemos hablado.

En primer lugar, el estado organizado con un gobierno central responsable del bienestar de todos, es una invención egipcia. Es verdad que la burocracia puede resultar terrible, pero es muy necesaria. En Mesopotamia se dio algo similar, pero…

En cuanto a la religión, destacaría la idea de una vida después de la muerte, que si bien es cierto que ha estado presente en otras culturas, no fue de un modo tan claro como en Egipto. De ahí viene la idea de la resurrección, de un cuerpo que vuelve a la vida, que acabará llegando al cristianismo. En ese sentido, incluso la idea de que María recibe a Jesús, no a través de su marido sino de Dios, tiene origen egipcio.

Y si hablamos de monoteísmo tenemos que remontarlo a Amenofis IV, Akenatón, en la XVIII Dinastía. Muchas de las ideas que vemos en el judaísmo y que acabarán en el cristianismo y en el islam proceden de ilustres egipcios como Moisés. Es mucho lo que viene de allí, así que la influencia es mucha.

Entender Oriente y Occidente como mundos o civilizaciones confrontadas, antagónicas y rivales, ¿es un error?

 No hay malas ramas de un mismo árbol.

 Has realizado muchas entrevistas a lo largo de tu carrera y también has participado en algunas series de televisión y documentales, como Planet Egypt. ¿Cómo valoras el tratamiento que los medios hacen de este período histórico?

Les gusta, pero no quieren demasiados detalles. Quieren algo fácil de vender, que impresione. Si no es oro, al menos debe ser algo extraordinario. Muchas veces la verdadera historia, mucho más interesante que todo eso, se pierde en el camino.

El oro por sí sólo no dice nada. ¿Qué nos cuenta los tesoros de Tutankhamon en sí mismos? ¿Históricamente? Nada. Son piezas hermosas. Algunas maravillosamente artísticas. Pero no nos dicen mucho.

¿Cómo valoras la existencia de personajes vinculados a la Egiptología en los últimos años, como Zahi Hawass, capaz de vender al mundo cualquier hallazgo arqueológico a través de la publicidad y los medios de comunicación? ¿Es una actitud necesaria en algunos momentos?

Reconozco muchos de sus logros, también su popularidad y su forma de venderse. Es un hombre realmente ingenioso. Se ha convertido en un rostro mediático que acapara mucha atención pero también ha conseguido los instrumentos necesarios para reestructurar el Departamento de Antigüedades de Egipto, así que ha hecho algo muy bueno en favor de la conservación.

Hay que pensar que es así como funciona nuestro mundo. Hace falta llamar la atención para conseguir determinadas cosas. Y él lo ha hecho.

En 2016 se cumplieron 50 años de la arqueología española en Egipto con el proyecto Heracleópolis Magna. ¿Qué relación mantienes con los egiptólogos españoles? ¿Cómo valoras su trabajo? 

El problema con los arqueólogos españoles era que estaban muy cerca de Sudamérica y orientaban sus proyectos al estudio de la cultura romana. Egipto estaba un poco descuidado pero es algo completamente comprensible. Me alegra que últimamente instituciones como el Museo de Madrid estén desarrollando sus  proyectos en Egipto.

Al final no hay que pensar que se trata del patrimonio de un país, porque el patrimonio pertenece a  toda la humanidad. Y España, por supuesto, también tiene algo que decir.

Un arqueólogo ¿se jubila?

Nunca. Siempre hay algo por hacer, y mi  propósito en la vida es escribir artículos. Esto nunca termina, gracias a Dios.

Fuente original traducida: https://culturaleotopia.es/gunter-dreyer-escritura-egipcios/

Más fotos: https://culturaleotopia.es/gunter-dreyer-escritura-egipcios/

0 Responses to “Günter Dreyer: «Yo llamo escritura real a la escritura fonética, y esa invención, hasta donde sabemos, es de los egipcios»”

  1. Manuel Camporro

    Una muy interesante entrevista a un muy interesante investigador. Gracias.
    PS. Supongo que Alfonso está detrás de todo esto, ¿verdad?
    Por cierto, sabe alguien si Dreyer tiene prevista alguna otra conferencia u otro acto en España en
    el proximo futuro.

    • Si te refieres a Alfonso Martín Flores, no.
      Por el momento no tenemos noticia de ninguna conferencia de Dreyer en España, pero si nos enteráramos de algo lo notificaríamos enseguida.
      Un saludo cordial

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