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El pan que un día alimentó a los faraones ha resucitado. La tozuda determinación de un egiptólogo aficionado ha quebrado el descanso eterno de los últimos restos de levadura que, hasta ahora, habían permanecido agazapados en los poros de unos recipientes de cerámica donde una vez, hace cinco milenios, se elaboraron las hogazas. “Sabemos mucho sobre el pan del antiguo Egipto y su cocción pero hay muchos interrogantes aún pendientes de responder”, reconoce a EL MUNDO la egiptóloga Serena Love, uno de los científicos que ha cooperado en la tarea de revivir la miga de los faraones.

El pan que un día alimentó a los faraones ha resucitado. La tozuda determinación de un egiptólogo aficionado ha quebrado el descanso eterno de los últimos restos de levadura que, hasta ahora, habían permanecido agazapados en los poros de unos recipientes de cerámica donde una vez, hace cinco milenios, se elaboraron las hogazas. “Sabemos mucho sobre el pan del antiguo Egipto y su cocción pero hay muchos interrogantes aún pendientes de responder”, reconoce a EL MUNDO la egiptóloga Serena Love, uno de los científicos que ha cooperado en la tarea de revivir la miga de los faraones.

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