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Autor: Amparo Arroyo

Editorial: Glyphos Publicaciones

Año: 2021

ISBN-10: 8412311450

ISBN-13: 978-8412311457

El denominado mito de Osiris no es sólo un relato mitológico, constituye en sí mismo una concepción religiosa casi autónoma y resume un pensamiento simbólico que ha marcado la historia y el arte del antiguo Egipto. La propia existencia del dios, con todas sus diversas implicaciones, supone ya una compleja abstracción que da respuesta a las grandes preguntas que el hombre se ha hecho desde que tomó conciencia de sí mismo, tanto en relación con su origen como con su función vital y, lo que es particularmente importante desde un punto de vista filosófico y religioso, responde también a la apremiante cuestión acerca de la pervivencia más allá de la muerte.

El mito de Osiris articula la concepción religiosa del antiguo Egipto, principalmente, en lo que concierne a la perdurabilidad del alma, o de lo que mucho más tarde sería definido como “alma”, pues la religiosidad egipcia ideó, en estrecho vínculo con los dominios de Osiris, una elaboradísima noción del hombre entendido como un conjunto de componentes físicos y espirituales con funciones específicas. No obstante, la propia figura del dios Osiris aúna contenidos que van más allá de lo estrictamente escatológico. Sus relaciones con la vegetación, con el agua, con los cuerpos estelares e, incluso, con el sol, definen una figura divina omnipresente en el pensamiento egipcio que destaca con luz propia en la maraña del profuso panteón concebido en torno a las orillas del Nilo. Todas las implicaciones del dios se relacionan estrechamente con una idea que domina la mente egipcia a lo largo de toda su historia y que subyace en el arte y la literatura: la constante regeneración de la Naturaleza, tan condicionada por el inalterable ciclo fluvial del valle del Nilo. Osiris es, por tanto, una suerte de dios regenerador, responsable de las cosechas, de las crecidas, de los ciclos diurnos y estacionales y, como no podía ser de otra manera, responsable en definitiva del renacer del hombre a una nueva vida. Por todo ello, el mito de Osiris no sólo tiene una trascendencia religiosa, sino que influyó también profundamente en el devenir social y político del antiguo Egipto.

Tan diversos y complejos aspectos dieron lugar a una riquísima iconografía que se manifestó ampliamente en el arte egipcio: en la decoración de grandes monumentos religiosos o funerarios —templos y tumbas— y en la ilustración de papiros y textos rituales, pero también en la concepción de instrumentos destinados a la liturgia o de objetos de uso cotidiano de una población profundamente espiritual. Algunos de los arquetipos iconográficos concebidos en relación con la tríada osiriaca pervivieron en el mundo occidental y, gracias a la conciliación con el cristianismo, subsisten aún hoy en el imaginario colectivo.

Esta continuidad del mito, no obstante, ha propiciado una interminable reinterpretación del contenido mismo de este relato mítico concebido con anterioridad al segundo milenio antes de Cristo; en este sentido, la formulación original del devenir de Osiris en los Textos de las Pirámides poco tiene que ver con la visión helenizada del Serapis ptolemaico, forjada en torno al siglo III a.C. A lo largo de la historia del Egipto dinástico ya se produjo una interesante evolución que, en cierto sentido, subrayó la humanidad de los dioses y fue definiendo las complejas peripecias de la tríada protagonista: el asesinato, el duelo de la esposa y la lucha por la legitimación del heredero.

Más adelante, el racionalismo que arribó a Egipto de la mano de la conquista macedonia impuso una reelaboración del pensamiento mítico egipcio, el consabido paso del mito al logos, que formuló un relato coherente y comprensible para la mentalidad occidental. La bellísima ficción mitológica legada por Plutarco, inspirada en parte en el perfil de deidades greco-latinas, abrió todo un nuevo abanico de prototipos iconográficos basados en la asimilación de los dioses con el panteón heleno. Esta racionalización llevada a cabo por el filósofo de Queronea ha pervivido hasta nuestros días pues es el relato del mito al que se hace referencia habitualmente, ignorando con demasiada frecuencia la formulación mucho más compleja y ancestral del mismo.

Esta visión occidentalizada provocó, por tanto, un enriquecimiento de las diferentes entidades divinas al contacto con el politeísmo greco-romano pero, por otro lado, suscitó también una inevitable simplificación del pensamiento egipcio que, a menudo, queda oscurecido y anulado por completo en el racionalismo plutarquiano.

La definición de esa versión originaria y ancestral del mito es la que inspira este estudio evolutivo del mismo, al objeto de fijarlo y analizarlo en toda su complejidad y establecer el relato helenístico como un simple punto de inflexión en la dilatada historia del mito.