Perduración de imágenes y conceptos para la protección divina (últimas etapas del Egipto faraónico y Antigüedad tardía), a cargo de María José López Grande.

Organiza: Escuela de Lenguas Bíblicas, Clásicas y Orientales de la Facultad de Teología de Valencia, sección Egipcio

Viernes 15 de diciembre18:30 hs.
Sábado 16 de diciembre 11:00 hs.

CV – Facultad de Medicina San Carlos,  C/Quevedo, 2 Valencia

La riqueza visual de las creencias religiosas del antiguo Egipto constituyó una fuente fundamental de imágenes e ideas que se proyectaron más allá de la propia civilización egipcia. A lo largo de los milenios que perduró la civilización del Nilo, los contactos con otras culturas propiciaron la dispersión de muchos de sus elementos sagrados, símbolos divinos e incluso representaciones de divinidades. Trasladados a otros contextos culturales estos objetos fueron aceptados y en ocasiones abundantemente utilizados dadas las ventajas protectoras que se les atribuían.

Esta dinámica de contactos y transmisión de conceptos, símbolos y nociones religiosas conllevó la aparición de sincretismos entre las creencias de la cultura emisora, en este caso la del Egipto faraónico, y las sociedades que eran receptoras de tales estímulos. Este hecho, que la arqueología constata en muchos periodos de la Antigüedad, en Egipto fue especialmente importante en las últimas dinastías (a partir de la dinastía XXVI) y durante la supeditación del reino egipcio al poder Roma. En ese amplio periodo cronológico fue frecuente la presencia de pequeños objetos egipcios, principalmente amuletos, pero también estatuillas de dioses que pasaron a otros contextos culturales donde fueron estimados como piezas muy adecuadas para la protección de los individuos.

Las ideas religiosas asociadas a estos objetos y la idoneidad de algunas divinidades egipcias para ayudar a los mortales en sus vicisitudes terrenales y acompañarlos en el trance de la muerte, se vieron potenciadas durante la dinastía de los reyes macedonios establecida en Egipto, la llamada “dinastía ptolemaica”. A ese periodo se adscriben las divinidades egipcias calificadas de “dioses alejandrinos”. Este grupo de deidades, especialmente la triada osiriaca, pero también otras divinidades como Anubis, Bes, se vieron afectados por una reinterpretación que afectó tanto a su simbología como a su iconografía, aunándose en ellas conceptos propios de la tradición egipcia y otros derivados del pensamiento griego.

Esta tendencia perduró durante siglos, propiciando que el culto a la triada osiríaca se extendiera por el ámbito mediterráneo llegando a adquirir una significativa importancia en la Roma imperial. En el seno de su sociedad se establecieron lugares de culto para la diosa Isis, y se practicaron ceremonias religiosas en las que estaban presentes los dioses Anubis (cultos funerarios) y Bes (cultos domésticos).

Esta tradición pervivió en los primeros siglos de la Antigüedad tardía, periodo que coincide con los inicios del cristianismo. Fue en esos momentos tempranos cuando la nueva fe recurrió al imaginario de los antiguos cultos del Egipto faraónico. De ellos tomó sus modelos iconográficos más representativos, además de valores y conceptos que le ayudaron a forjar su propia identidad.

Fueron importantes transmisores de estas pervivencias los ascetas y eremitas que, descontentos con la realidad social de su momento y huyendo de las persecuciones contra los cristianos dictadas por Roma, adaptaron sus vidas a la soledad y la extrema aridez de los desiertos egipcios. Para protegerse del inhóspito paisaje habitaron las tumbas abandonadas de época faraónica que se abrían en las colinas pedregosas y se refugiaron del implacable sol en las sombras de las ruinas de los grandes templos funerarios de los faraones. Estas experiencias familiarizaron a aquellos anacoretas con los repertorios iconográficos que aún existían en los antiguos monumentos. De aquellas representaciones tomaron imágenes y símbolos, y de la perduración de sus significados adoptaron conceptos y relatos. Unos y otros quedaron asentados en las bases más tempranas de su fe y en la expresión plástica con la que el naciente cristianismo comenzaba a manifestarse.

Como otras muchas experiencias sociales, el cristianismo necesitó en sus orígenes un conjunto de imágenes que mostraran los motivos esenciales de sus creencias. Sin embargo, la creación de una iconografía propia se vio condicionada por la clandestinidad a la que estuvo sometido en los momentos tempranos de su existencia. Esta circunstancia favoreció que las imágenes de las que se servía fueran en muchos casos motivos ya existentes, propios del repertorio pagano. De esta manera, las representaciones usadas pasaban desapercibidas para los enemigos de la fe, pero ejercían de símbolos propios dotados de un nuevo sentido para la comunidad cristiana

En este seminario veremos cómo el peso de la tradición egipcia está claramente reflejado en diversos temas y motivos iconográficos, así como en relatos surgidos en el ámbito del cristianismo temprano. Muchos de ellos pasaron a la versión canónica de la nueva fe; otros quedaron relegados al ámbito de lo “apócrifo”. Pero comprobaremos que en unos y otros late muy fuerte sentir de la antigua sabiduría egipcia.

Instrucciones de matrícula
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Período de matriculación
Desde el 25 de noviembre hasta el día del inicio.
El resguardo se entregará al comienzo del curso

Matrícula

Matrícula General: 45 €.
Alumnos de la Facultad de Teología: 40 €

Se entregará diploma de asistencia
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