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Los egipcios tenían una gran cantidad de dioses y genios, algunos con imagen de animal o parte animal y parte hombre/mujer. Eligieron a algunos animales para representar a sus dioses porque fueron unos grandes observadores de la naturaleza y pensaron que algunas de las características de ciertos animales eran tan “extrañas” que sólo podían ocurrir porque eran divinas.

Al ser una sociedad cazadora primero y recolectora después, tuvieron dioses estelares, agrarios y solares, divinidades que recibieron diferentes nombres y que sentían próximos a sus actividades.

Entre los dioses solares tenemos, por ejemplo, el escarabajo pelotero que pone sus huevos en el interior de una bola redonda de estiércol que arrastra con sus patas y cuando los pequeños escarabajos están preparados para nacer salen de esa bola. Los antiguos egipcios no sabían que allí había huevos y creyeron que los pequeños nacían de forma mágica, así que lo identificaron con el dios Sol cuando nace, es decir en el amanecer y lo llamaron Jepri.

Dios escarabajo Jepri. Tumba de la reina Nefertari. Valle de las Reinas. Tebas

El sol era un dios creador muy importante, y dependiendo del momento del día cambiaba su nombre. Ya os hemos contado que al amanecer era el escarabajo Jepri, pero es que al mediodía, cuando el sol es más fuerte y más brillante, le llamaron Ra y lo representaron con cabeza de halcón. Por último, al anochecer, cuando el sol se oculta y se debilita, se convertía en Atum y tenía aspecto de hombre. ¡Estos egipcios estaban un poco locos!

Dios Ra. Tumba de Nefertari. Valle de las Reinas. Tebas Dios Atum. Tumba de Nefertari. Valle de las Reinas.

Además, también pensaron que si sus dioses tenían la cabeza de un animal y el cuerpo de una persona, reunirían las características de ambos. El animal aportaba sus cualidades (su capacidad para volar alto, su fuerza fiera, su amor maternal, etc) y el hombre sumaba la inteligencia.

La creación del mundo y el cosmos se había producido gracias a la intervención de dioses muy significativos que se habían multiplicado. En Egipto existieron varias teorías que explicaban esta creación y en cada una el dios creador podía llevar nombres distintos, todo dependía del lugar donde hubiera sido creada la leyenda y del dios que se adorara allí. Para ellos lo principal era que todas expresaban una realidad: el nacimiento del mundo y de sus seres.

Las más importantes fueron las creadas en Heliópolis, Hermópolis, Menfis.

La creación heliopolitana contaba que antes de que cualquier cosa existiera, todo era un océano caótico, oscuro y sin superficie (llamado el Nun) donde estaba en estado latente el creador Ra. Sin saber por qué, ni cómo, de pronto fue consciente de que existía y se manifestó como Ra, el Sol. Sin que necesitara pareja creó a los primeros dos dioses diferenciados en sexo: el aire seco Shu y el aire húmedo Tefnut. Ellos se unieron y concibieron a la tierra Gueb y al cielo Nut que fueron los padres de dos pares de gemelos: Osiris, Isis, Seth y Neftis. Según esta teoría de creación, los hombres habrían nacido de las lágrimas de Ra. Y todas las noches, la diosa Nut que tenía forma de mujer arqueada sobre la tierra, tragaba al Sol para que se regenerara dentro de ella y al amanecer le daba a luz para que iluminara todo el país.

En el conjunto de imágenes religiosas del Antiguo Egipto (en la iconografía), encontramos a estos dioses con mucha frecuencia en papiros o en la superficie de algunos ataúdes.

En la parte superior está la diosa Nut arqueada y en la inferior el dios de la tierra Gueb. Entre ellos está Shu, el aire, que la ayuda a mantenerse en lo alto. Ataúd del Museo Arqueológico Nacional

Sin embargo según los hermopolitanos, el mundo había nacido por la intervención de cuatro parejas de ranas y serpientes, llamadas “los padres y las madres que crearon la luz”. Ellos eran manifestaciones del dios Thot y prepararon una colina que emergió del océano primigéneo para que el Sol pudiera posarse. Y lo hizo dentro de un huevo o de un loto, al que cuidaron y cuando abrió apareció el Sol.

Las cuatro parejas de ranas (ellos) y serpientes (ellas) de la ogdoada hermopolitana. Templo de Dendera

La creación según Menfis era bien distinta. El responsable era el dios Ptah, el cual había creado a los dioses y a los seres vivos pensándolos en su corazón (porque ellos creían que la sede del pensamiento estaba en ese órgano) y haciéndolos realidad gracias a la palabra, es decir, los nombró y de forma mágica surgieron.

Ptah tiene una curiosa forma de representarse. Siempre está envuelto en un sudario, lleva barba, sujeta un cetro y la cabeza se cubre con una especie de casquete.

Dios Ptah. Reino Nuevo. Museo Egipcio de Turín.

Por otra parte, como los antiguos egipcios reprodujeron Egipto y su vida cotidiana en la vida del Más Allá y en la de sus dioses, éstos tenían familia, como los seres humanos, de manera que, por ejemplo, Amón, uno de sus dioses más influyentes, tenía una esposa que se llamaba Mut y un hijo que se llamaba Jonsu.

De derecha a izquierda: Amón, Mut y Jonsu. Templo de Hathor y Maat en Deir el-Medina

Otros dioses prestigiosos fueron  la vaca Hathor, la leona Sejmet e incluso la gata Bastet, a la cual encontramos muchas veces en estatuillas amamantando a sus pequeños cachorros. Todos ellos podrían tener también cuerpo humano y cabeza de animal.

Diosa Hathor. Templo de Hathor y Maat. Deir el-Medina Diosa Sejmet. Templo de Mut. Karnak
Diosa gata Bastet. Ny Carlsberg Glyptotek. Copenhague

Todos estos dioses y otros muchos eran venerados en templos, donde se adoraba una estatua del dios que solo se podía ver cuando se sacaba “en procesión” en las grandes fiestas ¡como hacemos nosotros en la Semana Santa!

Sacerdotes llevando a hombros la barca del dios Amón. Capilla roja de la reina Hatshepsut. Karnak. Tebas

Los templos no eran como nuestras iglesias, sinagogas o mezquitas. Eran lugares sagrados donde vivía el dios, atendido por sus sacerdotes. En ellos no podía entrar todo el mundo, sólo su clero y solamente los sacerdotes directores y el faraón a la parte más interna y sagrada.

Como los dioses tenían las mismas necesidades que nosotros, cada mañana, cada mediodía y cada noche, tenían que ser alimentados, vestidos, adornados con joyas y perfumados, porque así estarían contentos y regalarían a Egipto todo lo que necesitara. Pero los dioses se nutrían sólo con la esencia de los alimentos y, como los egipcios eran muy prácticos, estos alimentos después se entregaban a los sacerdotes para que se alimentaran de su parte física y así solucionaban un problema: era una forma de pago por sus servicios.

El rey pone ungüento perfumado en la frente de Amón. Templo de Sethy I. Abidos

No olvides que en el antiguo Egipto la frontera entre la magia y la religión era muy fina y que confiaban en la protección de amuletos, conjuros y otros elementos mágicos…

 

Textos: Elisa Castel y Helena Oliver

Fotografías: Teresa Armijo, Elisa Castel, Miguel Gamero, Antonio Lobo, Helena Oliver, Francisco Pérez Vázquez, Cristina Pino, Rosa Pujol, Jaume Vivó, SoloEgipto.